martes, 11 de noviembre de 2008

Anoche la soñé

Anoche la soñé. Juro por Dios que la soñé. Hacía mucho tiempo que no pensaba en ella, que no pronunciaba su nombre, que no sentía la extraña necesidad de volver a verla. Ya han pasado más de dos años desde aquella fría noche de noviembre en que la conocí. Sospecho que nunca podré olvidar aquel momento. Era jueves. Caía la noche en la capital del Principado y una tímida neblina acechaba sobre nuestras cabezas. Empezábamos a impacientarnos por la espera cuando de repente surgió de la oscuridad la blanca caravana con aromas de sur. Siete personas viajaban a bordo de ella y solo un rostro era familiar. Las prisas, el frío y la emoción me impidieron fijarme en ella. Ni en ella ni en ninguno de los demás extraños. Todo fue muy rápido. Tanto que cuando quise darme cuenta ella estaba metida en mi coche dirigiéndose a mi por mi mote con un extraña e inusual confianza. Las sílabas de mi nombre nunca sonaron con tanta dulzura y con tanta gracia como esa vez. Aquellos ojos color cielo se metieron en mis entrañas desde el mismo instante que se cruzaron con los míos. En aquel momento supe que nunca podría olvidarlos. Y así ha sido hasta el mismo día de hoy.

Aquellos cinco días pasaron demasiado rápido. Fugaces como las estrellas que rompen el cielo de Matanza en las noches cálidas de verano. Fue tan breve aquel tiempo que no pude disfrutar de su presencia tanto como hubiera querido. Todo el tiempo del mundo no hubiera sido suficiente para contemplarla. Aquel rostro, aquella sonrisa, aquella mirada, aquella forma de acariciar mi mano al pedirme fuego. Recuerdo cada instante en que su silueta rondaba la mía. Carlos Goñi escribió que uno siempre sabe dónde está el final. Para mi desgracia supe el mismo día que la conocí que aquella historia nunca tendría un final porque nunca comenzaría. Entre ella y yo no solo había química, también un gran muro levantado por las circunstancias adversas. Demasiadas. Dicen que si hay amor no hay fronteras pero a veces uno sospecha de la certeza de esas palabras. Porque nada es para siempre y porque la distancia y el tiempo enfrían los corazones.

Dos lunas después de conocerla nos dijimos adiós sin habernos rozado los labios. Sin tenerla. Sin estar un ratito a solas. "No era un buen momento para mi, Moro" me dijo tiempo después vía mail. Supe entonces que aquel tren nunca volvería a pasar por mi estación. Era noche cerrada en la cuna de Guzmán el Bueno. Aquel sábado de noviembre, rodeados de murallas y empapados de ese frío leonés que te cala hasta los huesos, sus ojos azules se fueron de mi vida para siempre. Los días siguientes fueron extraños, vacíos, insípidos. Recuerdo que empleaba todos mis esfuerzos en convencerme a mí mismo de que aquella historia nunca había ocurrido porque no podía ocurrir. Porque demasiados factores dejaban la ecuación sin solución posible. Es mejor así, no podía ser, es mejor así... Me repetía una y otra vez. Durante mucho tiempo llegaban a mi bandeja de entrada noticias del sur. Leía y releía sus mails, sus mensajes. Memorizaba cada conversación telefónica. Ahora sé que mantener viva la llama no fue buena idea. Mejor hubiera sido cortar por la sano y pasar página. Pero... cómo olvidar aquella sonrisa!

Poco a poco, día a día, golpe a golpe, su recuerdo se fue diluyendo. Borré todas sus fotos, escondí sus mails y mensajes en lo más profundo del baúl de mis recuerdos. Otros cuerpos rozaron mi piel. Comprendí con resignación que nunca haría aquel viaje que tanto soñé a tierras del sur porque entendí que ella ya no me esperaba. Destruí todos los castillos que un día le prometí que visitaríamos. Otros lo harán vistiendo nuestros cuerpos. A veces las historias más bonitas son las que nunca han pasado porque no las vivimos, las imaginamos. Aquella historia yo la imaginé muchas noches. Y era hermosa. Era perfecta.

Ayer la soñé. Entraba en su casa y contemplaba las fotos de la pared. Estaba nervioso esperando su llegada. Recuerdo que me escondí para darle una sorpresa. Sentí la puerta y de un salto me planté en el pasillo de la entrada. Hola! grité. Y allí estaba ella. Guapa como el día que la conocí. Parecía cambiada. Tenía la mirada triste, cansada. Pero era ella, no había duda. Venía acompañada, no recuerdo por quien. Solo la recuerdo a ella. Me besó en la mejilla y el despertador me hizo saltar de la cama. 8:23 AM. Hora de levantarse.

Supongo que algunas historias no pueden ser reales ni siquiera en sueños.

19 comentarios:

Anónimo dijo...

illo!!!!!!

Muchos de los sueños se hacen realidad...

Oí la historia de una chica, mas o menos de la época de esta historia. Soñó que le ponian cigarros en la nariz, que le daban un trofeo, que probaba cosas varias...

Un abrazo desde tierras lejanas de poniente.

Auxi dijo...

Has conseguido emocionarme

hay llamas que es mejor no alimentar porque la vida no permite que sigan vivas

pero soñar, eso nadie puede quitárnoslo

un abrazo

Minerva dijo...

Pero nunca llego a pasar nada-concreto? mmmm amores que duelen mucho, los del "que hubiera pasado si"...

Moro dijo...

anónimo: Sospecho quien eres y creo no equivocarme...

Quiero que sepas que me emocioné al leer tu firma. Me ha llegado al alma, compadre. Me emocioné y me reí. Me reí mucho, mucho. Qué gran puente, qué gran noche, qué gran momento. Aquella fue una de las noches que más me reí en mi vida. Qué sería de aquella chica? Creo que no se recuperó de aquel momento. Lo disfrutó mucho, eso si, a su manera...

Un abrazo enorme!!

auxi: La magia de escribir lo que uno siente y vive es conseguir emocinar a quien lo lee sin pretender hacerlo. Escribir solo por el placer de ser leido es convertirse en un político que solo dice lo que la gente quiere escuchar. Bailar sin sentir la música solo para ser visto, solo para ser el centro de atención. Gracias por tu firma y gracias por sentir mi historia.

Un beso

minerva: No, nunca llegó a pasar nada. Fueron cinco días, el tiempo pasó volando y todo estaba en nuestra contra. Nunca lo disfruté pero tampoco lo sufrí. Solo el remordimiento de no saber qué hubiera pasado.

Gracias por tu firma. Un beso

Sara dijo...

Hay sueños que no se cumplen, porque si lo hicieran, tal vez serían tan diferentes de como los imaginamos que acabarían quizás por destruirnos un poco el corazón.

Y casi todos nuestros corazones han sufrido ya demasiado como para seguir batallando con ellos.

Crees que esa maravillosa historia hubiera sido mejor de haberse hecho realidad? Acaso el sonido del despertador no da pie para seguir soñando y que nuestros sueños sean cada vez más maravillosos? No, no quieras hacerlo realidad. Así, como fue, fue perfecto.

Esther dijo...

Hola:

¿Por qué pides perdón? Noooo, nooo hay nada que disculpar. En todo caso, te tendría que dar las gracias por darte a conocer, por el ratito entretenido que me hiciste pasar :)
Me gustó mucho tu historia.

Yo siempre creí que un amor verdadero podría superarlo todo, aunque es verdad: luego, se duda de esas palabras del estilo "el amor verdadero todo lo puede" pero, quizás está ahí el fallo, en dudar. La duda hace flaquear a unas piernas firmes, al inicio de unos firmes cimientos: por la duda, por el desánimo empieza la destrucción de todo.En un libro que se llama El secreto, de Rhonda Bryrne (bueno reconozco que es un poco fantasioso) pero, básicamente dice que la mente todo lo puede, que con nuestra mente podemos acercarnos más a nuestros sueños.

Yo siempre creí eso de arriba, pero la verdad es que es una situación difícil que no todo el mundo aguanta pero, yo es como si hubiera tenido la absoluta certeza de que sí que es posible, aunque no sé ahora si dudarlo. Creo que todo depende de varias cosas.

Saluditos.

killer queen dijo...

Que lindo escribis Moro me haces sentir que estoy dentro de una peli en blanco y negro.

Sobre los amores que no fueron imaginarlos a veces duele y enamora mucho más, lo sé!

Y acerca de los sueños,...una vez escribí sobre mis sueños premonitorios que siempre se cumplen,..

Quizás algún día, en otro lugar, en otra vida,..

Besos.

Lucina dijo...

Algunas historias viven en nuestra imaginación y cuando creemos que ya olvidamos, en sueños se hacen presentes con los mas dulces sentidos.
Hermoso escrito, y ru blog tambien.
Saludos

Alatriste dijo...

Joder, amigo. Me ha encantado tu confesión y la comprendo mucho mejos de lo que te imaginas. Creo que en el fondo, todos tenemos historias parecidas. Encuentros mágicos, que por el motivo que sean, no llegan a empezar, aunque tengamos la certeza de que serían perfectos. La vida es complicada, el corazón también.
Te mando ánimos y mi afecto sincero. Echaba de menos leerte y parece que mis tinieblas se disipan un poco.
Quien sabe, Moro. Quizás algún día tu historia del Sur se cumpla. La vida da muchas vueltas. Sea como sea, jamás dejes de soñar.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Hola Moro!!

Soy yo, la del pueblín. Esa que utiliza lo que escribes como terapia.

Veo que otra vez "bajaste al valle y ...", (ya sabes lo que sigue".

Te sigo, no creas que me olvido, solo que el tiempo va en un ferrari, y yo en bicicleta. Ya se que no escribes para que te lean, pero te aseguro que lo que escribas yo lo busco y lo leo.

No estoy muy inspirada hoy, asique pondré punto y seguido.

Malditos despertadores, que nos impiden soñar y malditas los convencionalismos que nos impiden vivir!

Moro dijo...

Sara: Tienes razón en todo. O casi todo. Ni el más sufridor de los corazones debería dejar nunca de sentir, de latir. Porque si deja de intentarlo nunca encontrará el remiendo, la cicatriz para sus heridas.

Estoy seguro de que si la historia hubiera sido real no hubiera sido como la imaginé. Seguro. Pero sospecho que aún asi no me importaría correr el riesgo y averiguarlo, jeje.

Gracias por tu firma!

Esther: Es posible que un amor verdadero puede superarlo todo. Quiero creerlo. Pero, cómo saber si es verdadero. Voy más allá... cómo saber que es amor. Como saberlo si no hay dos personas en este mundo que lo definan igual. No hay amor si no hay sufrimiento, es cierto, pero tampoco existe sin convivencia (entre otros muchos ingredientes). Y entre ella y yo no hubo convivencia. Quizás aquello no hubiera durado más de un suspiro. O quizás si. Puede que no soportase mis ronquidos o mis pies frios. Nunca lo sabremos. En fin, tienes razón cuando hablas de las dudas que siembran el camino. Es siempre asi, es inevitable.

Gracias por tu firma!

killer queen: Me emociona saber que puedo vestirte de Ingrid Bergman. Dicen los críticos que aquella época es irrepetible y que ya no hay cine como antaño. No creo que mis humildes historias estén a la altura de aquellas películas. Muchas gracias por el piropo.

Creo que hay ciertas historias que no entienden de épocas ni colores. Son eternas. Cambian los nombres y lugares pero no el fondo.

Yo también creo que quizás algún día, en otro lugar, en otra vida. Y puede que sean otros los que sientan por nosotros. Quien sabe. Lo mejor es no pensar en ello y disfrutar el momento cuando llegue. Si llega, claro.

Gracias por tu firma!

Moro dijo...

lucina: Lo bueno de las historias que vivimos y que no vivimos pero imaginamos es que no tienen fecha de caducidad porque se instalan en el fondo de nuestras cabezas y corazones para siempre. Y de vez en cuando, sin esperarlo, salen a flote. A veces en sueños. A veces en el mundo real y con los ojos bien abiertos. Un rostro que te recuerda a alguien, la colonia que ella (o él) usaba, un olor, un sabor...

Gracias por el piropo y la firma!

Alatriste: Compadre!! Qué bueno ver tu firma!! Gracias!!

Puede que alguien al leer historias como las mias sienta lástima pero sabes qué? Yo siento lástima de la gente que nunca ha pasado por una experiencia similar. Los cuentos de hadas no existen y las hermosas doncellas cuando salen de la pantalla no son tan perfectas y no siempre se quedan con el bueno. Hay que probar el sabor amargo de la derrota para apreciar la victoria. Quien no pierde no saborea el triunfo.

Quizás algun día, compadre, quizás algun día.

Espero que tus tinieblas acaben por irse al carajo de una vez. Si algo está de mi mano, dimelo.

Un abrazo norteño muy fuerte!!

anonimo: Sabía que seguías ahi, escondida en la sombra, leyendo este humilde blog con aroma a tierra recien mojada. Nunca olvidaré aquella primera firma. Gracias por buscarme, por leerme y por ser como eres.

Malditos convencionalismos y maldita sociedad superficial!

Un besazo

La Maga dijo...

Pues sí es cierto que quedarse con la duda de lo que hubiera pasado siempre nos hace más daño que lo que en realidad pasó.
Soy precursora de los finales felices, así que no te diré que vayas a buscarla o que la sigas esperando.
El amor siempre llega. Y aunque ésta fue una hermosa historia, quién dice que ya terminó? O, mejor aún, que no hay una historia mejor esperándote?

Besos y bellos sueños.

Moro dijo...

La Maga: Siempre hay una historia mejor esperando. O al menos eso hay que pensar. Pensar que cualquier historia pasada o perdida fue mejor hace daño y no sirve de nada. Ir a buscarla sería forzar una situación deseada. Y las cosas pasan porque sí, todo lo que sea forzado acaba resultando mal. Sobre lo de seguir esperando... no sabría decirte, creo que hace tiempo dejé de esperar pero probablemente me equivoque como otras muchas veces. Con 15 años me enamoré locamente de una niña en el campamento. Hace más de 10 años que no he vuelto a saber de ella. Si me preguntan diré con total convencimiento que hace años que no pienso en ella, que no espero volver a verla. Y aún asi, sospecho que si mis ojos se cruzan con los de ella de repente, aqui y ahora, mis piernas volverían a temblar como en aquellos azules días de campamento.

Muchas gracias por tu firma. Un beso

Anónimo dijo...

ojalá yo inspirase así a alguien...
m encanta como escribes, m pasaré mas a menudo x aki.
Un Besín Pani ;)

Moro dijo...

Anónimo: Ojalá mi historia nunca hubiera ocurrido. Hay veces que la inspiración nace del desánimo, del fracaso, de la derrota. Esta es una de esas veces. No lo recomiendo a nadie.

Gracias por pasar, firmar y piropear. No hay gente que escribe bien o mal, hay gente que escribe lo que siente y gente que no. No hay más.

Un beso

Mon dijo...

Calderón de la Barca escribió:

"¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son"

Si algún día dejas de soñar te marchitarás niño.Ojalá tu vida siempre sea sueño.

Mil besotes nene.

Anónimo dijo...

Recorrí otro blog de casualidad y también de casualidad caí en este.
Solo decirte, que no sos el único con una historia que termina sin empezar y que tu texto me ha pegado fuerte.
Estoy en la oficina esperando que las horas pasen, y que de una vez se termine este viernes insulso y sin futuro. Paré a leerte, y luego tuve que esconderme detrás de un monitor para disimular la emoción que provocaron tus palabras.

Gracias. Hoy se han despertado muchos sentimientos dormidos gracias a escritores como vos, me alegra saber que no me perdí del todo, que siempre se puede encontrar el camino de regreso.

Gracias por compartir esto, incluso con aquellos que, como yo, no son de tu incumbencia.

Besos

Moro dijo...

Anónimo: Internet es como un mapa de carreteras infinito solo que en lugar de ciudades hay blogs y en lugar de carreteras, enlaces. Uno nunca sabe donde puede acabar o hacia donde le pueden llevar sus pasos.

Soy consciente de que al escribir uno historia como esta, más de una persona puede sentirse indentificada. Si olvidamos por un instante los nombres, los lugares y el tiempo, al final, en esencia nos queda una historia sin principio ni final. Algo que solo ocurre en nuestra imaginación pero que nunca llega a ser realidad por mucho que lo deseemos. Alguien dijo una vez que los sueños se cumplen si uno lo desea con todas sus fuerzas. Supongo que fue el mismo que dijo que no hay nada imposible. En el amor los sueños no dependen de una solo persona. Dos no discuten si uno no quiere y no hay historia si la otra persona no la sueña.

La emoción que tuviste que esconder detrás del monitor al leer mis palabras no es nada comparada con la que yo sentí al leer tu comentario. Gracias por las gracias. Gracias por pasar, leer y firmar. Y sobre todo, gracias por llamarme escritor aunque eso pueda ofender a los de verdad.

Y, bueno, desde el momento que entraste y firmaste dejaste de no ser de mi incumbencia.

Un beso